Centro Cultural de México
Cartografías efímeras
Prácticas artísticas mallorquinas en transformación

Mallorca ha funcionado durante siglos como un territorio de atracción para artistas, escritores y pensadores. Sin embargo, la isla ha resultado mucho menos generosa con los artistas que ella misma ha producido. Décadas de turismo masivo y especulación inmobiliaria han contribuido a convertirla en uno de los lugares más caros de España para vivir, al tiempo que han transformado profundamente las condiciones para desarrollar y sostener una práctica artística. En este contexto, la falta de una infraestructura cultural capaz de acompañar a nuevas generaciones de creadoras y creadores, junto con la apuesta institucional por programaciones dirigidas a públicos masivos, ha llevado a muchos artistas a buscar fuera de la isla las condiciones necesarias para continuar su trabajo.
Cartografías de lo efímero, exposición colectiva bajo la curaduría de Luz Massot, reúne prácticas artísticas mallorquinas de una misma generación en torno a una inquietud compartida: qué se sostiene, qué está a punto de romperse y todavía no se rompe, y qué queda cuando aquello que lo sostenía se retira.
Es una pregunta formal, pero también profundamente vinculada con una isla cuya población aumenta considerablemente cada verano y donde el litoral, los acuíferos y la vivienda están sometidos a una creciente presión. Desde distintos lenguajes y materiales, las obras reunidas en la exposición abordan nociones como la fragilidad, el desplazamiento, la memoria, los límites y las posibilidades de permanencia.
Mar Guerrero recoge plásticos que el mar devuelve a la orilla y los transforma, capa a capa, en piezas impresas en 3D que reproducen el crecimiento de una concha marina: fósiles de un futuro que ya ha comenzado. Aguas cósmicas piensa el ecosistema marino y la observación astronómica como partes de un mismo sistema en tensión, una arqueología anticipada de aquello que el paisaje deja atrás.
Lara Fluxà trabaja esa misma inestabilidad desde otro registro: vidrio, agua, látex y jabón son materiales que nunca terminan de fijarse, atrapados en el umbral entre lo sólido y lo líquido. En ambas prácticas, el mar deja de ser un fondo escénico para convertirse en un sistema vivo, vulnerable y sometido a transformación.
Esa condición de umbral adquiere una dimensión urbana en el trabajo de Biel Llinàs. Durante los primeros meses de la pandemia, un aparcamiento de Las Vegas se convirtió en refugio provisional para cientos de personas sin hogar, cuyos espacios fueron delimitados sobre el asfalto mediante líneas blancas. ¡Viva Las Vegas! traslada ese damero a la tradición pictórica hard-edge para interrogar los límites de lo habitable y los dispositivos que ordenan y disciplinan el espacio urbano.
Si Llinàs aborda el límite de lo habitable, Ian Waelder trabaja sobre el límite de lo recordable. Mercy, all of my shoes construye un laberinto de cartón que evoca una caja de mudanza a medio embalar. En su interior aparecen esculturas, collages de periódico, objetos domésticos y una melodía de piano que suena a intervalos. La pieza surge de un hallazgo durante una residencia del artista en Basilea que lo conecta con la historia de su abuelo, exiliado a Chile en 1939. Waelder construye así una poética del desplazamiento y de lo incompleto: qué llevamos con nosotros y qué queda atrás cuando toca partir.
Gabriel Pericàs lleva la tensión entre permanencia y colapso al objeto escultórico. Sus composiciones de vasos de plástico, madera y acero inoxidable parecen a punto de derrumbarse, pero no terminan de hacerlo. Esa precariedad estructural atraviesa también su práctica performativa, construida alrededor de aquello que no siempre se declara de frente, sino que circula, se intuye y se transmite.
Frente a esta sucesión de umbrales, equilibrios precarios y memorias fragmentadas, Catalina Obrador Rosselló propone la comunidad como posibilidad de permanencia. Per davall la nou sobre les espatlles una bossa foradada reúne reflexiones sobre límites, territorios y formas de vida extraordinarias a través de una correspondencia imaginada entre una observadora del cambio y una guardiana del fuego. Tejida también con voces de poetas, activistas y escritoras, la obra plantea que el pensamiento, como el fuego, solo puede sostenerse si alguien más lo cuida.
Presentar esta conversación en Ciudad de México permite abrir un diálogo entre territorios atravesados, desde contextos e historias diferentes, por procesos de transformación urbana, presión inmobiliaria y desplazamiento. No se trata de equiparar ambas realidades, sino de ponerlas en relación a través de un espejo parcial y a distancia: el de una isla que ha experimentado durante décadas las tensiones que acompañan a un territorio intensamente deseado.
Comisaria: Luz Massot